El “reciclado” de materias orgánicas en el compost es ejemplo clave de la producción sin desperdicios. Producción de energía para los suelos que nos sustentan.
El compost es un proceso biológico de fermentación aerobia -con aire-. En este proceso biológico interviene población microbiana como bacterias, actomicetos, y hongos -que representan el 95% de la actividad biológica- y también las algas, protozoos y cianofíceas. En la fase final intervienen macroorganismos, como colémbolos, ácaros y lombrices.
Los materiales orgánicos compostables son las plantas, el estiércol y la bosta de caballo y vaca, las ramas trituradas, las hojas caídas de árboles, el césped -desecado-, los restos de comida en general, las cáscaras de huevo –mejor trituradas-, las servilletas y los pañuelos de papel -no impresos ni coloreados, mejor reciclarlos-. Con reservas o limitaciones: cenizas, aserrín, papel y cartón, trapos y tejidos de fibra natural. Evitar los restos de carne y huesos. Y no añadir nunca materiales químicos o no degradables como el vidrio, los metales, y los plásticos, los detergentes, los productos clorados, y los antibióticos
Hay una serie de elementos invariables a tener en cuenta, que son: la relación Carbono/Nitrógeno (C/N), el pH, la humedad, el aire y la temperatura.
Son altos en Carbono los vegetales, las turbas, el aserrín y la paja. Son altos en Nitrógeno el estiércol y el orín. Debemos mantener una relación C/N de 30/1.
La expresión numérica del pH del agua pura es de 7, en una escala de 0 a 14.
Por encima son soluciones alcalinas, por debajo, ácidas. En un compost variado, con una relación C/N equilibrada, no hay porqué preocuparse del pH.
Los niveles de humedad óptimos para que no se compacte la mezcla -y pierda oxígeno- están entre el 40 y el 60%.
Debe estar húmedo al tacto sin chorrear cuando se aprieta con la mano. Es importante la presencia de aire, es decir, de oxígeno. Se pueden realizar sucesivos volteos para mejor aireación.
Las temperaturas se elevan gradualmente hasta los 60º, no debe ser más. En cada rango de temperatura intervienen diferentes poblaciones microbianas. Hay tres tipos de técnicas de compost: en superficie, en montón y en cajoneras. Hay una variante, la lombricultura o el vermicompostaje, que se desarrolla con la ayuda de la lombriz roja de California (Eisenia foetida).
En superficie, una delgada capa de material orgánico se esparce sobre el terreno, dejándolo descomponerse y penetrar en el suelo. Suele hacerse de paja de trigo -mulch o mantillo-.
El compost en montón se realiza cuando hay una cantidad abundante y variada de residuos orgánicos. Se utiliza industrialmente o en ciudades.
El compost en cajoneras es indicado para cantidades domésticas. Se pueden emplear un compostador comercial o construirlo. Se realiza con un cajón con un volumen suficiente como para contener todos los residuos orgánicos que vayamos produciendo durante al menos cuatro meses. De un metro cuadrado, hecho por tarimas o bancales, es el típico.
También se puede reutilizar un tambor de aceite de 200 litros. Es fundamental el contacto directo entre la tierra y los restos, por lo que se coloca una cama de ramas y hojas. Deberá tener orificios de ventilación por todas sus caras. La parte superior la cubriremos para controlar mejor la humedad. Por esta parte se verterán los residuos. Una de sus caras laterales estará preparada para abrirse, poder acceder mejor y sacar el composta ya preparado, cuatro meses después.
Hacer compost es crear las condiciones para que una enorme asociación de vidas diferentes haga un enorme trabajo en poco tiempo, transformando la tierra en un depósito de energía renovable y genuina.
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