La forma económica actual produce a partir de la explotación de recursos en forma lineal. Y produce desperdicios. La naturaleza, en cambio, todo lo recicla y almacena energía y nutrientes de alto valor, haciendo más con menos. Y mejorando la calidad del ambiente. Este es un buen modelo de economía.
Economía y ecología son dos caras de la misma moneda. El cambio más urgente es de pensamiento. Pensar el impacto de cada una de nuestras acciones, desde encender la llave de contacto hasta comprar alimentos procesados a miles de kilómetros.
Una economía sin desperdicio genera empleo, no realiza e incluso, absorbe emisiones contaminantes, se basa en energías renovables y aporta capital social. Esto es posible.